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María

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Insomne, escritora, madre, creadora. Moriré virgen porque me niego a perder la fe en el ser humano...
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andy jimenezwrote:
veo que me das tratamiento de mujer cosa que tengo que decirte que estas equivocada y que no te enfades que sepas que soy un tio.
gracias por el comentario y espero que pronto podamos estar conectados de nuevo y podamos gozar juntos.
Un besote y hasta pronto.
andres
 
8 June
Hace mucho tiempo que no se de tí, y me dió mucha alegría encontrarte el otro día conectada, aunque no pudimos hablar.
Quiero que sepas que tengo un precioso recuerdo de tí, de la única mujer a la que me he desplazado a ver, aunque fuera por lo que me impresionaste por chat y porque se puede decir que tú me desvirgaste en este medio.
Aunque aparentemente nos perdimos un revolcón, la noche que pasamos juntos fué para mi inolvidable y plena, sin olvidar la colaboración de tu amiga que fué un encanto.
Ahora que te he vuelto a localizar ire leyendote poco a poco que sera una buena forma de seguir sabiendo de tí, aunque espero encontrarte y charlar un rato.
Dale un beso a tu amiga de mi parte y para tí otro y un monton de cariño y agradecimiento por ser como eres.
6 June

La Aguadora

Gotas de letras que calman la sed de relatos
June 03

La Aguadora de mudanza

 
Saludos.
 
Si has llegado hasta aquí probablemente formas parte de mi vida en alguna forma.
Los blogs de msn se me antojan un rollo cada vez más difícil de actualizar...así que me mudaré.
 
He comprado laaguadora.com, puedes buscarme por ahí, o escribirme a aguadora@palabrantes.com y te daré mis datos.
 
Mi web de www.palabrantes.com sigue activa.
También la nueva para niños www.palabrincos.com
 
Y yo sigo viva en la red. Y seguiré.
A mí sólo me retira de los teclados y de la red una señora con guadaña y mala leche.
 
Para pedirme mi nuevo messenger o nuevos sitios, a mi correo, por favor.
 
Buena vida a todos los navegantes de buena voluntad.
 
La Aguadora
María /Shere/ Alys
 
 
November 08

Karimba

 

El cazador pidió otra copa más.

El camarero, cansado de acercarse hasta su mesa un viaje más, le dejó directamente sobre la mesa, algo escorada y maltrecha, la botella de líquido transparente y de graduación casi inflamable ante la mera agitación.

Pero ni una tea de tragafuegos hubiera podido calentar el interior del cazador esa noche.

No desde hacía tres días, desde la última vez, desde que habían cortado sus últimos colmillos, los de aquella elefanta que conocía tan bien de años anteriores.

Llevaba años siendo furtivo. Empezó pagando una deuda, una sola vez, se había dicho...y luego el dinero fácil empezó a salir tan fácil como entraba...incluso de forma más rápida.

Y se quedó allí, al otro extremo de un rifle, al extremo que le mantenía a salvo, pero que sentía uqe le disparaba casa vez que al final de su arma caía un hermoso animal, otro de aquellos con cuyas almas su abuela le había acunado de niño.

 

Su abuela amaba la selva como nadie. Era medio salvaje, decía su madre, que nunca se había llevado bien con la suegra, demasiado extraña y demasiado negra.

Y de niño le había arropado día a día con canciones que hablaban de otro mundo, de una época anterior de la que se había perdido memoria, donde los animales tenían alma, almas tan grandes como sus corpachones...y sobre todos ellos reinaba el elefante, aquel del alma grande por excelencia.

La abuela contaba la mitad de sus historias en una lengua extraña que solamente ella entendía, y la otra mitad las canturreaba con una melodía repetitiva y profunda, como los latidos de las muertes que están por llegar.

A la abuela la reñían por asustar a los pequeños con sus historias de brujería y selva...pero a él no le había asustado nunca. La vida sí, la vida sí le había asustado después, y muchas veces...pero su abuela no. Era oscura, callada, rebelde y con música propia en su andar siempre rítmico, como si unas palmas que solamente ella podía escuchar marcaran sus pasos. Era la persona más viva que el cazador había conocido, y, tal vez por eso, había celebrado su muerte con su primera borrachera, allá atrás, allá en aquella línea que separa la infancia de la supuesta madurez.

 

Cuando se había convertido en cazador, había acudido al abrigo de la borrachera a olvidar aquella música de muerte, aquellos bramidos de sangre hecha sonido que él había provocado.

Y así cada vez.

Pero ninguna como esta.

Conocía a la elefanta. La había visto muchas veces antes, con su manada, con su líder, aquel macho impresionante y marcado por las batallas.

La había visto y la había admirado.

¡Le recordaba tanto a su abuela¡

--'Si encontrara una mujer que caminara como esa elefanta, tal vez me enamoraría por fin'--había pensado la primera vez que la había visto.

 

Y sin ser demasiado consciente, había buscado los rasgos de esa hembra entre todas las hembras en cada brazo de hembra humana en los que durmió las siguientes borracheras.

Pero cuando amanecía y sin el apoyo del alcohol toda semejanza entre hembras era nula...se rompía el hechizo y se iba.

Otra caza, otra cama.

 

Y así tras años.

Los colmillos de la elefanta, Karimba, sabía que la llamaban los nativos, eran famosos. Se decía que eran los colmillos más perfectos que habría en todo el territorio.

Pero él se negaba a buscarlos.

Se imaginaba las noches de amor de Karimba con su macho y se alegraba de que alguien pudiera bailar a su manera con los tambores que él no había vuelto a escuchar desde que murió su abuela. De alguna forma el cazador sabía que aquel par de animales conocía las historias de su abuela, bailaba con su misma música.

 

October 31

Concursos Literarios en Castellano

 

Saludos a todos los que nos habéis visitado durante estos meses.

 

En los últimos tiempos he empezado a colaborar con la Asociación de Escritores Noveles

 

http://www.asociacionescritoresnoveles.es
http://foro.asociacionescritoresnoveles.es

 

cuyos enlaces os he pegado, para animaros a visitar sus páginas.

 

Por este motivo voy a trasladar el contenido principal actualizado de este blog a su foro.

A partir de ahora podéis consultar todas las bases de Concursos Literarios en Castellano que yo encuentre o me sean aportadas por mis contactos, en su foro, en esta dirección

 

http://foro.asociacionescritoresnoveles.es/viewtopic.php?t=706

 

 

Si no funcionase el enlace, os remito a mi correo

 

info@palabrantes.com y os remitiré al lugar correcto u os reenviaré las bases.

 

Para guiaros dentro del Foro de la AEN, los Concursos figuran en <General<Iniciativas<Concursos.

 

Quedo a vuestra disposición, como siempre, en mi web de Palabrantes, para amantes de la palabra.

 

María de Juan

 

http://palabrantes.com

September 28

Una revista que leer

Revista Artístico Literaria

Arlequín Nº 4

"No intento recordar las cosas que ocurren en los libros, lo único que le pido a un libro es que me inspire energía y valor, que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar, que me recuerde la urgencia de actuar."
Jean-Claude Lauzon

Equipo Editor:

Paulo González
Valentina Just
Carlos Vico
Marx Espinoza
Sélavy
Karin Artigas
Juan Carlos Sanz

http://revistaarlequin.blogspot.com/


September 26

La pieza del puzzle

 
Hace algún tiempo escribí un relato dedicado a mi abuelo con un puzzle al que le faltaba una pieza como base.
Hace unos días, me encontré una pieza de puzzle perdida en la calle.
No sé si era la pieza del puzzle de mi vida que me hacía falta para que el reloj interno que llevaba meses parado arrancase...
pero la vi, y supe que esa pieza me estaba esperando.
La recogí.
Desde entonces ya he encontrado tres piezas más.
¿Un hada despistada va dejando piezas cual miguitas de pan para enseñarme el camino de regreso a mí misma?
Porque, a pesar de que podría decir que de alguna forma estoy pasando los peores momentos de mi vida...a pesar de ello, una vocecita al fondo del pozo que debe ser mi puzzle me dice que estoy volviendo a construirme, que estoy volviendo a encontrarme.
 
 
A veces, a las cuatro de la mañana, una ve todas las cosas con mucha más luz.
 
La Aguadora, insomne ¿o tal vez solamente despierta?
 
Sept 2006
September 15

La cama de mamá

¿A qué sabrá la cama de mamá, que todo lo cura?

Pesadillas, dolores de tripa, problemas en el colegio, peleas entre hermanos, un golpe, un arañazo...se sube uno a la cama de mamá y todo se pasa.

Las camas de mamás deber ser mágicas. Las bendicen las hadas madrinas cuando parimos niños y se bautizan con la leche con que amamantamos a nuestros bebés.

Hace años que duermo sola en cama grande. Y a veces he pensado en aprovechar mejor el dormitorio y cambiarla por una cama más sencilla...pero, entonces, ¡no me cabrían los niños!

Por las mañanas las niñas ponen el despertador diez minutos antes para reunirse bajo mi funda nórdica. Por la noche, se vienen a despedir a su hermano, mientras le damos en grupo el último biberón del día.

Cuando una enferma, mi cama es la enfermería, aún a costa de que yo termine durmiendo en el suelo.

Y cuando leemos, mi cama es la biblioteca.

O el primer sitio en que les puse el portátil para navegar por internet.

Mi cama es el microcosmos de mi pequeña gran familia.

Así que me temo que no puedo comprar una más pequeña. En todo caso, debería ampliarla. Los niños crecen y necesitan una alfombra mágica del tamaño de sus imaginaciones.

La Aguadora, sept 2006

 

 

September 13

Lágrimas genéticas

 
 
¿Te acuerdas, mi hijo hermoso como la vida cuando escribí un relato sobre cómo borrar el adn de alguien?
A ti no me hace falta borrarte nada.
No eres recuerdo de nada que duela, amor pequeñito y grande.
Mis lágrimas han lavado cualquier parecido que pudieras tener con quien no te quiere.
Te han purificado en un nuevo bautismo de vida y alegría, y tus sonrisas son sólo mías como lo son los primeros mordiscos de tus dientes, y tus primeros pasos, y tus gateos en pos de la cola de mi vestido.
Eres tan mío y de tus hermanas que hasta te está saliendo la misma verruga que a la segunda, que seguro se te caerá como a ella, cuando te operen el año próximo, y tienes sus mismos gestos para llamarme.
Eres nuestro regalito, niño del alma.
A veces te miro e intento ponerme triste pensando en lo que no tendrás...
pero entonces te giras, me sonríes con esa boca que puede comerse planetas de puro abierta en la alegría de existir, y pienso que nada puede faltarte, porque eres perfecto en ti mismo.
A veces me sorprendes llorando y me muerdes las mejillas para chuparme las lágrimas, supongo que imaginando un juego nuevo.
Y vuelvo a pensar en que eres vida, que tu vida merece la pena, mucho más que la mía desde luego, y que he hecho bien, que me alegro infinito del cuadro que formáis los tres y que hace que casi no quepais en la pantalla de mi móvil, ni en mi cama matrimonial cuando venís los tres a primera hora de la mañana a despertaros.
Sé que las lágrimas, además de borrar los recuerdos, se irán secando, como se ha de secar todo pozo estéril, y sé que entonces, aún estarán tus sonrisas para verlas.
 
 
La Aguadora, sept 2006
 
September 08

Amanecer cuatro

 
 
Cuando ninguna explicación podría resteñar las heridas, cuando nada salvo un narcótico podría adormecer el alma...
es cuando no le queda otra que empezar desde cero y sentirse mejor, porque no hay línea ya más allá del peor.
 
Cuando nada tiene sentido, el observar cómo incansable un bebé de ocho meses practica el nuevo arte que ha empezado a dominar, el arte de ponerse de pie...puede compensar toda una noche en vela.
 
Otro amanecer. Otra batalla ganada.
 
 
 
September 05

Amanecer tres

 
 
El sábado estuve parte de la noche en urgencias, a causa de un pequeño accidente doméstico. 
En los hospitales siempre me siento especialmente sola, por más que uno se encuentre rodeado de gente.Y recordaba, mientras esperaba en boxes, lo amargos que siempre me han parecido los amaneceres cuando he estado mirándolos desde la ventana de uno de ellos.
Cualquier otra atalaya debe ser mejor.
Hay lugares desde los que los amaneceres parecen ser en blanco y negro, como si hubieran perdido los colores.
A cambio, cuando uno regresa a su casa y se cobija bajo sus sábanas favoritas, éstas le parecen tan mullidas como una cama de nubes adornada con lazos de arcoiris.
 
Es lo bueno que debe tener sufrir.
Cómo aprecia después uno mejor los matices de la luz.
 
Sólo debe haber algo más triste que el dolor, y es no aprender nada de él.
 
Otro amanecer tras mi silla. Lo hemos vuelto a conseguir, mundo.
 
La Aguadora, Setiembre2006
 
 
August 27

Amanecer dos

 
Amanecer es sólo haber sobrevivido a otra noche.
No es mucho, pero tampoco es poco. Alguna vez eso no sucederá. Llegará un amanecer que no le diga adiós a la noche en nuestro nombre. Y, ¿Quién sabe si ese será el auténtico principio?
 
La luz del alba parecía espantar las pesadillas cuando una era niña.
 
Pero, ahora, la luz del alba enseña las arrugas nuevas, las manchas de la piel, las ojeras y los cortes que marcan el día a día, día a día que se arrastra en dirección a una noche más.
 
Buenos días, luz. Lo hemos vuelto a conseguir.
 

De relojes

 
-- Mami, mami, ¿cuál es la diferencia entre un fracaso y un abandono?
 
-- El ser capaz de volver a darle cuerda al reloj.
 

 
-- Mami, ¿por qué han expulsado a Plutón del círculo de planetas?
-- Por envidia, cielo, como con casi todo. Caronte se chivó de que le estaba tirando los tejos a Xena, y ahora todos se quedan a la par. El que más ha perdido ha sido Ceres, que creo que está por proponerle a la Luna que funden una confederación propia y se dediquen a tener satélites gigantes por libre.
 
 
August 26

Amanecer

 
Los amaneceres son siempre tan solitarios...
Da igual lo bellos que sean. Son solitarios.
Amanece, y solamente le queda a uno por decidir si ese día lo va a vivir o no.
La respuesta es obvia, generalmente, o no se podría estar escribiendo esto.
Una tiene tres hijos durmiendo al fondo de la casa, y empieza a escuchar sus voces siempre madrugadoras, y es entonces cuando piensa: bueno, habrá que hacerles los desayunos...
Y ya se ha amanecido otra vez.
Ahora sólo queda cómo rellenar otro día de sonrisas, para que los tres latidos sanos que le quedan a mi corazón no vean las lágrimas y la amargura detrás de cada tostada.
Al menos, es un día menos para morirse y descansar.
Un día menos para no llorar más, para que no duela más.
Buenos días, amanecer.
August 22

A sorbos

 
Por primera vez durante días de insomnio, naúseas y fantasmas, he descubierto que ayer fui brevemente feliz. Durante unos instantes no sentí dolor, ni dentro ni fuera. No me sentí triste, ni con ganas de llorar, gritar o tirar la toalla de la vida.
La primera vez sucedió mientras mi hijo jugaba a ponerse de pie sobre mí, y me chupaba la cara con saña, practicando el único beso-abrazo que ya sabe hacer, incluyendo el mordisco de sus dientecitos.
La segunda...mientras escribía un nuevo relato. Durante unos instantes, breves, han sido breves, pero han sido absolutos. Durante esos momentos en que me fundo con el teclado no he pensado en ti, ni en el dolor, ni en mañana, ni en nada que no fuera colocar letra tras letra como un mandala de palabras donde todo tiene armonía y sentido.
Mis letras me dan sentido.
Tengo que conseguir que nada más lo altere.
Tengo tres regalos y un don.
Mi don tiene que ser suficiente para devolverme la fe en mí, para levantarme la autoestima y para poner colores a la esperanza que la tengo desteñida de tantas lágrimas.
 
La Aguadora, escribiendo sin dormir.
 
August 21

Te encantaban mis pechos

 

Te encantaban mis pechos.

Desde el primer momento en que nos vimos, tu mirada navegaba desde mis ojos hasta mis pechos. No los tenía muy grandes, apenas una 90, así que nunca había supuesto que pudieran encandilar a un hombre de la forma en que te encandilaron a ti.

Cuando ya fuimos pareja, me contaste que lo que te gustaron fueron mis pezones, tan grandes comparados con las manzanas de media copa de mis pechos aún turgentes. Mis pezones eran como pitones que te animaban a embestirme, me dijiste.

Esos días, ya habías tomado por costumbre saludarnos siempre a los tres: me besabas en la boca, y después me mordisqueabas cada uno de los pechos.

Era nuestro saludo secreto.

Mis pechos eran como nuestro bebé, el que nunca compartimos.

Cuando regresabas de viaje, siempre me traías de regalo un sujetador. Me enseñabas su caja, yo me iba a cambiar al servicio del restaurante donde estábamos cenando y los dos ya sabíamos cómo iba a terminar la velada: haciendo el amor como locos con el sujetador nuevo puesto. Después, cuando te fueses a correr, sólo entonces, me lo apartarías de un mordisco y eyacularías en mí mientras me mordías un pezón.

Mis pechos también sabían echarte de menos ellos solos. Si pasabas más de dos semanas sin venir, empezaban a dolerme, como si fuera a venirme la regla o como si estuviese embarazada. Dolían como duelen cuando están llenos de leche y reclaman la boca del recién nacido que les vacíe y les conceda consuelo.

Durante la noche, cuando me acariciabas aun dormida, eran ellos los que traicionaban mi deseo, erigiéndose en jueces del momento y condenándome a ser tuya aunque me reclamase el sueño.

Por eso, cuando empezaron a dolerme sin tu ausencia, sospeché que algo no iba bien.

La segunda vez que no me los mordiste mientras te vaciabas en mí, supe que no eran imaginaciones mías, aunque tú me llamases loca.

Mientras le pagaba al detective al que le encargué que te siguiera, me di cuenta de que había elegido de toda la guía al único que se llamaban Senén, tal vez porque me recordaba a tu semilla mojando mis senos, como tantas veces te había gustado hacer.

De todas las fotos que me enseñó, la que me dolió de verdad era en la que le mordías un pecho por encima de la tela.

No me extrañó que te gustase ella, no vayas a creer. Tenía un escote al que yo misma me hubiera vuelto a admirar si me la hubiese cruzado en el supermercado y no en tu cama.

Te invité igualmente a una cena especial de San Valentín. No esperaba que acudieses, pero te hubiera extrañado que no cocinara para nosotros, como había hecho los últimos años, así que te envié un sms invitándote.

Supongo que sería porque firmé el mensaje como si te lo hubieran enviado tus pezones favoritos por lo que acudiste.

Durante el primer plato, sólo tuviste ojos para ellos. Mi vestido escotado invitaba a mirarlos, pero supongo que igualmente no me habrias mirado a mí a los ojos esa noche, ni ya ninguna otra. Yo estaba distraida, de todas formas, el menú de esa noche había requerido toda mi concentración.

El segundo plato te lo serví en albornoz.

Me miraste por primera vez, y supongo que algo debió extrañarte en mi cara, porque ya tenías una mueca de horror antes de levantar el cubrebandejas y descubrir que el último plato que tú comerías en mi mesa eran mis pechos, recién cortados, y apenas pasados vuelta y vuelta por el grill, como a ti te gustaba todo…poco hecho y en su punto de amargura.

 

 

La Aguadora, agosto 2006

Duele, luego existo (II)

 
Acabo de quitarle las ruedas a la bici de mi niña mayor.
Es una tontería, pero me ha costado mucho. Técnicamente venía preparado para tontos, ergo, para padres. Se trataba de desenroscar una pieza blanca, después sacar un par de varillas de sujección, quitar la rueda, volver a colocar todo en su sitio y ajustar. El problema es que yo no tenía fuerza suficiente para hacerlo. Podía haber esperado a pedir ayuda; mañana por ejemplo a la asistenta, o al abuelo cuando viniese de visita o...Pero no quería. Odio depender más de lo que ya dependo de los demás. Así que me empeñé en aplicar mi maña donde la fuerza hace mucho que cedió espacio. Probé con varias llaves, pero ninguna ajustaba al tamaño y, además, el recubrimiento de plástico las ayudaba a resbalar más que a agarrar. Probé con alicates, pero tampoco encajaban. Así que me fui a por el 3 en 1, lo frusfrué (palabro) y esperé. Nada tampoco. Limpié la zona entonces con alcohol, utilicé un trapo para envolver...y al final las tenazas consiguieron hacer presa y girar en el sentido en que debían. A todo esto, mis rodillas ya clamaban, porque no soporto estar de rodillas más allá de un minuto, el dolor se vuelve muy agudo, aunque ya me había tomado un calmante previo a toda la operación, pero lo había conseguido, ea.
No sé si ella se sentirá muy orgullosa cuando consiga montar en su bici sin ruedas, pero no más que yo que recordaré que aún, a pesar de todo y de lo poco que me veo capaz de hacer, todavía consigo cumplir estos pequeños hitos como mami.
Y mientras desmontaba la segunda rueda siguiendo el mismo procedimiento, pensaba: Al final el que dijo lo de la maña frente a la fuerza, para mí que era un enfermo con buen CI y ganas de alimentar la autoestima.
 
La mía hoy ha merendado ruedas. No le venía mal. Se estaba quedando en los huesos, y esa es la peor parte de mi persona.
 
La Aguadora, agosto 2006
August 10

La ventaja de no saber inglés

 
Debió ser antes de los ocho años, porque a esa edad ya iba a clases particulares, cruzando la ciudad en autobús, abrazada a una carpeta casi más grande que yo y negra, recuerdo que era negra y pesada.
Mi profesora estaba casada con un inglés y eso, en plena transición y en una ciudad tan pequeña y provinciana como la mía, ya le servía para ejercer de profesora de inglés con un dominio semejante al de cualquiera de mis antiguas compañeras de Institutos ya muy doctoradas en filología inglesa.
Y yo, antes de llegar a ella, ya había llegado a la tele en blanco y negro y sin mando a distancia, y a las novelas. No recuerdo dónde lo escuché por primera vez, pero el sonido del nombre 'Alys' (yo lo visualizaba con y griega, tal cual lo escribo ahora, y así me lo he quedado) se me quedó grabado, y durante muchos años fue protagonista de mis primeros cuentos infantiles.
Alys me sonaba a mujer mayor y pérfida, y por eso solía ser la mala de mis relatos.
Después, un día, en clase de inglés, pregunté cómo se escribía mi nombre favorito...y me enteré de que para mi profe era un triste 'Alice', muy común por lo demás.
La magia de no saber inglés lo había convertido para mí en un nombre mítico, con entidad propia.
El saberlo, me lo devolvió trivial y usado, hasta el punto de que lo aparqué en el desván de mis recuerdos.
 
De alguna forma consiguió liberarse de mi olvido, y mi segunda hija se llama Alicia...aunque todos la llaman Aly...y ella y yo sabemos que le falta la 's', pero es sólo cuestión de tiempo que se la añada.
Es la más parecida a mí: es testaruda, caprichosa, un encanto y un huracán con un botón propio para pasar de uno a otro estado a voluntad propia, imaginativa y social, empática hasta el límite o capaz de sumergirse en su propio universo así truene en el de los demás... Que la espere el mundo, que ella lleva en su caminar su propia cadencia con una melodía que sólo ella conoce y que es la música de su vida, y la música que sabe poner en la vida de los demás...cuando le apetece.
 
Cuando elegí un alias para la red, supongo que me pasó un poco como a todos; a pesar de mis años como escritora, lo de ponerse sobrenombres parece que le pilla a uno siempre a traición, y supongo que por eso el 'Alys' salió del arpa en un ángulo olvidada que es mi memoria siempre frágil, y luego fue el uso lo que dio sentido al tañido de sus cuerdas...y lo que me recordó mis relatos.
 
Creo que tenía unos seis o siete cuando escribí mi primer cuento de hadas con sentido crítico, o sea, cuando me sentí creadora como parir ex profeso un relato, de principio a fin.
La prota se llamaba Alys, el niño Mark (era uno de los chicos de Comando G, el manga primitivo me enamoraba de pequeñita...y MazingerZ no era nombre para un príncipe, lo lamento) y el cuento ocupaba tres cuartos de folio.
Es uno de los pocos recuerdos nítidos de mis treinta y seis años.
 
Ese, y la rabia que me dio comprender que a veces saber...no era una ventaja.
 
La Aguadora, Agosto 2006
 
 

Duele, luego existo.

 
 
No hay mayor placer que la ausencia de dolor.
 
Creo que alguna vez leí esta frase, que figuraba como proverbio árabe.
No he encontrado su autoría en Google, así que puede que lo sea o no lo sea, o mi memoria la recuerde como le apetece.
Esa frase me recuerda una de mis crisis allá por los veinte, cuando aún no sabía que todos los síntomas dispares que terminarían por sumarse pertenecían a la misma causa. Es que la fibromialgia no estaba de moda por los noventa.
Cuando llevo días con una crisis nueva, como ahora, antes me quedaba sin recursos emocionales. Ahora creo que voy consiguiendo encontrarlos, a ratos, al menos.
Por eso cuando duele y duele y los calmantes no calman, e incluso cuando calman se nota el dolor acechando, esperando a que pase el efecto de la droga y vuelva a recordarte quién manda, que no soy yo, que es él.
Así que cuando duele, ya no me niego a que duela, ya no me niego a decir que duele, me limito a repetir la letanía del dolor en mi interior, esperando un alivio, esperando un inciso que sé que llegará, esperando y confiando en que llegará un minuto mejor, y sabiendo que en cualquier parte del globo hay montones de personas que están peor que yo, que soy afortunada, que tengo muchas cosas que agradecer a la vida...aunque en ese momento duela y tenga una neblina delante de los sentidos y sólo me apetezca protestar y gritar y enfadarme con el universo.
 
Duele...y lo primero que pierde uno en esta carrera contra el dolor y el tiempo son los amigos.
A nadie le gusta tener al lado a alguien que depende de los calmantes para tener un buen rato, a alguien que pasó de ser un compañero divertido de chistes y diversiones a alguien que divide sus ganas de divertirse en: cosas que me van a doler más o menos.
 
Se puede vivir con dolor.
Se puede vivir sin amigos.
 
Y ahora sé que puede que ninguna de ambas cosas sea para vivir peor.
 
Agosto, 2006 (continuará)
 
PS. (Ya sé que uno no pierde nunca a toooodos los amigos, y que los que no están, en realidad nunca estuvieron...
pero las generalizaciones a veces sí son precisas. Yo sé de quiénes y por quiénes hablo...y lo mejor es que ellos también.)
 
August 06

Odio el verano y dos.

 
-No tengo maleta, no tengo toalla de playa nueva, no tengo protección solar y ni siquiera tengo unas chanclas.
No tengo verano.
 
Y me siento más estigmatizada que por ser madre soltera, o incluso si fuera lesbiana y madre de familia numerosa.
 
¿El verano es una asignatura que me quedó para setiembre en la facultad y no me enteré?
 
Si la sigo suspendiendo tanto...¿me obligará Dios a repetir de vida?
¿Y será repetir años completos o solamente las estaciones no vividas según mis vecinos y los estereotipos de los programas del corazón?
 
 
August 05

Odio el verano

 
Odio que haya que estar feliz por decreto, le dijo el adolescente a su madre.
 
--- Claro, cariño -- le respondió ella -- Pero no olvides usar protección 30 como mínimo.
 
Y él le cortó la cabeza con el cortasetos que habían comprado esa mañana. Eso sí, después de seccionarle el tronco, untó ambas partes con protección 40, que habían comprado esa mañana de oferta en un supermercado del  barrio.
 
July 31

La mujer siempre asomada al precipicio

 
La mujer a la que le gustaba vivir siempre asomada a un precipicio finalmente un día consiguió despeñarse por él.
Su tercer intento de suicidio se le fue de las manos y se convirtió en algo más que un intento.
Así que murió.
Durante el largo camino al Cielo (nunca se hubiera esperado que hubiese tantas escaleras,o, en el caso de que las hubiera, hubiera supuesto que serían mecánicas, ¿es que El Corte Inglés tenía mejores infraestructuras que el Cielo?), fue recordando paso a paso su vida.
Se vio de niña, la mediana de tres hermanos, a la que nadie hacía caso porque no era ni la mayor, ni el  pequeño, y encima era repetida porque ya había otra niña.
Hasta que empezó a enfermar.
Recordaba su primer sarampión como toda una fiesta. ¡Por primera vez recibía todas las atenciones! Tal vez por eso no lamentó que tardase el triple de lo habitual en curarse.  Lo  mismo pasaría con la varicela, la rubeola, varias pulmonías, alergías inexplicables con insuficiencias respiratorias graves...
Era delicioso estar enferma.
¡Recibía tanta atención!
Afortunadamente, se libró de ser una hipocóndrica porque la abuela paterna, la que vivía con ellos, tuvo el buen gusto de enfermar de verdad, y durante años toda la atención médica de la familia recayó en ella.
Pero entonces encontró la báscula.
Descubrió que no comiendo adelgazaba, y que cuando uno adelgazaba mucho, los demás se preocupaban por él.
Por eso fue una adolescente capaz de subir diez kilos sin medida, cuando aún la anorexia no estaba de moda ni siquiera en los diccionarios.
Cuando llegó a la universidad se echó novio exactamente a la misma edad que lo había logrado su perfecta hermana mayor. José Luis no le gustaba especialmente, pero le hacía mucho caso y se parecía bastante a su cuñado, el novio de su hermana mayor.
Además, demostró tener una extraordinaria fortaleza para soportar las cuarenta y dos veces en qeu ella le dejó antes de llegar a la boda.
Tener novio estaba bien...pero romper llamaba mucho más la atención.
Cuando esa atracción dejó de causar efecto se casó.
Y se embarazó exactamente tres meses después de su hermana. Intentó hacerlo antes, pero los espermatozoides de su marido no resultaron ser tan veloces como los de su cuñado.
Tuvo una niña, por supuesto, igual que su hermana.
Pero su embarazo fue muy complicado, tuvo que ingresar al menos tres veces, y la niña al final nació con bajo peso y un leve problema cardíaco.
Todo el mundo hace mucho caso a las embarazadas, pero no tanto a las recién pariodas, como descubrió durante cada una de las depresiones post parto que acompañaron a sus cinco embarazos.
A partir del tercer hijo empezó a notar un creciente desinterés en los demás por su estado, pero ella no cejó, logrando con su último embarazo de gemelos estar ingresada durante casi seis meses.
Sus hijos pasaron una infancia entrando y saliendo todo el tiempo de hospitales y urgencias varias, mientras ella, madre sufrida, les acompañaba todo el tiempo historial médico en mano.
Al cumplir los cuarenta, dejó a su marido.
Sus hermanos acababan de divorciarse el año anterior, y ella supuso que solamente seguía la estadística familiar.
Claro que ellos no volverían a separarse a los tres años, los cinco, los siete...
Los fracasos sentimentales finalmente dejaron de resultar emocionantes, y entonces, o durante, no lo recordaba con exactitud, se aficionó al juego.
En apenas diez años pasó por Ludópatas conocidos, Alcohólicos anónimos, Orfidal para la vida, Ex-fumadores por la paz, e Internautas sin red.
Los grupos de apoyo suelen proporcionar mucho de eso, apoyo, excepto cuando una se ha apuntado a tantos que debería fundar uno ella sola.
Cuando a su hija mayor le diagnosticaron depresión y le comunicó que se iba a vivir con su padre, se intentó suicidar por primera vez. ¡Su hija parecía la víctima de ella, y no al revés!
Pero al regreso del hospital, a la vez que un coro de plañideras vecinas-conocidas-compañeras la consolaban, descubrió que dos de sus otros hijos habían decidido también irse con su padre, y por primera vez en años sintió que estaba perdiendo público.
Claro que cuando le embargaron la casa por no poder hacer frente a la segunda hipoteca, la calle estaba llena de curiososo.
Ella solamente había pretendido lograr un futuro mejor para los suyos, intentó explicarle al banco, pero quién iba a sospechar que esas seguras inversiones en valores de alto riesgo en mercados de países emergentes no iban a salir bien.
Los bancos, como todos sabemos, son como las multitudes: gustan de contemplar la sangre derramada pero les resulta indiferente a quién pertenece, siempre y cuando no sea la propia.
Sin casa y sin hijos terminó recalando con su hermana mayor, hasta que decidió vivir la gran historia de amor de su vida seduciendo a su cuñado, convencida de que siempre había estado secretamente enamorado de ella pero no había tenido valor para confesarlo.
Como su hermana no entendía la vida compleja de personas como ella, la invitó a marcharse cuando se enteró, y ella se encontró, sin saber muy bien cómo, en casa de su suegra.
Donde en su madurez sintió nacer por primera vez en su interior a la mujer que no sabía que había llevado dentro hasta entonces, y vivió con sus recién cumplidos cincuenta años una historia lésbica convencida de estar encontrando por primera vez el amor.
Intentaba recordar el nombre de su amante, ¿Julia? ¿Cecilia?, cuando Dios la recibió.
-- ¿Qué opinas de tu vida? -- le preguntó él.-- ¿Hay algo que quieras preguntarme antes de comunicarte tu próximo destino?
-- No, gracias. Todo es tal como lo recuerdo. Supongo que con lo que he sufrido me he ganado el cielo, ¿verdad? ¿Cuándo vamos?
Dios la contempló durante unos instantes, dudando de que por primera vez alguien se estuviese permitiendo reirse de él en su presencia, pero cuando leyó en sus ojos la certeza de estar en posesión de la verdad absoluta, supo que no mentía, y supo lo que tenía que hacer.
-- Verás, al Cielo sólo se va cuando uno demuestra haber aprendido, a lo largo de todas las vidas por las que ha pasado, lo suficiente para valorar como se debe el regalo de la vida.  Me temo que tu aprendizaje aún no ha terminado.
-- ¿Ah, no? --indagó ella, extrañada, pero disfrutando del momento de disponer de toda la atención del Hacedor para sí misma durante un rato-- Entonces, en mi próxima vida, ¿ qué voy a ser? ¿Astronauta? ¿Inventora? ¿presidente?
-- Ameba.
 
La Aguadora, Agosto 2006
 
 
July 30

Letras y pucheros

 
--Abuelo, abuelo. ¿ A qué se parece el cielo?
 
-- A saborear de nuevo el puré de garbanzos que hacía tu madre, cuando uno tenía siete años.
 

 
-- Abuela, abuela. ¿Qué es pecar?
 
 
-- Probar la salsa de la carne cuando aún está en el puchero y quemarte la lengua con ella.
 
-- ¡Ah! Y el quemarte es el castigo por pecar, ¿verdad?
 
-- No, el castigo es no poder saborear el resto del plato porque te duele la lengua. Quemarte es el aprendizaje para pecar la próxima vez con más tino...y soplar antes de hacerlo.
 

 
-- Mami, mami. ¿Por qué en el infierno hace calor?
 
-- Para que suframos viendo cómo se derriten los helados.
 

 
-- Mami, mami. Si Dios visitase un día el infierno, ¿qué pasaría?
 
-- Ya pasó. Ese día invitó al diablo a helado frito.
 

 
...continuará.
 
 
 
 
July 29

La mujer sin nudos en los zapatos

 
 
La mujer sin nudos en los zapatos siempre había sido feliz.
 
Se sabía joven, inteligente, popular, dotada de gracia y de amigos que se lo recordaban. Conseguía triunfar en cuanto se proponía, y disfrutaba de los estudios, del trabajo, de la vida.
 
Y de los zapatos sin nudos.
Durante años huyó de todo tipo de zapatos que llevara cordones, no sabiendo muy bien por qué, ya que su estética le atraía.
 
Unos carnavales, buscando un disfraz original, alquiló un traje masculino para ir vestida de hombre a la fiesta de una amiga, que había decidido celebrar una fiesta con motivos sexys. Por eso ella eligió ir disfrada de Kim Bassinger en Nueve semanas y media cuando vivía la escena homo en el restaurante.
 
Bombín, bastón, bigote...estaba auténtica. Sólo le faltaban los zapatos.
Ella recordaba tener unos, un par de zapatos de cordones negros, masculinos, mitad charol mitad piel. Recordaba la sensación tan agradable que había tenido al comprarlos, allá por sus veinte años. Y no recordaba por qué no los había vuelto a utilizar.
Los encontró finalmente olvidados en un altillo del armario del cuarto de invitados.
Se vistió, se atusó el bigote postizo y se dispuso a calzarse.
Al agacharse, recordó de pronto por qué había desistido de usar esos zapatos: no conseguía hacerse el nudo.
Sus manos se había vuelto más y más torpes durantes los últimos años. Lo que al  principio parecía una mera molestia, se había terminado manifestando como una enfermedad que la limitaba en multitud de pequeños aspectos de la vida cotidiana.
La primera vez que sus manos no le habían respondido para anudarse los cordones,había sido aquella en la que escondió los zapatos. Y también recordó cómo con ellos, en su caja, había intentado guardar la intranquilidad que le habían producido aquellos primeros síntomas.
Ahora hacía ya muchos meses que sus manos no respondían a muchas tareas y que ella no tenía forma de ocultar su enfermedad en ningún cajón con doble fondo.
La mujer que nunca se había llegado a sentirse afortunada del todo recordó con lástima el momento en que no volvió a intentar atarse los zapatos, sabiendo ahora que ya jamás podría volver a hacerlo.
Lamentó los meses en que aún hubiese podido hacerse nudos, en vez de optar por zapatillas de deporte con velcro y archivar esos zapatos en la O de Olvido.
Pero esa noche tenía una fiesta...y ella y su enfermedad iban a acudir.
Así que la mujer acudió al armario de uno de sus hijos, y le robó un par de artilugios de las capuchas de sus parkas, esos que son huecos y tienen un mecanismo con un muelle que permite atrapar los cordones de las capuchas, para ajustarlos.
Introdujo los cordones de cada zapato en ellos, y salió a la calle, pensando:
-- Tengo que seguir usando estos zapatos, son estupendos. Cuando ya no pueda enhebrar los cordones en este chisme, me los pegaré con celo.
 
Esa noche disfrutó a tope de la fiesta, sin enfadarse por pequeños detalles, como hacía últimamente. No le importó que por dos veces se derramase la copa encima, al fallarle la  mano izquierda, ni que el dolor de espalda le impidiera bailar más allá de las doce, ni que algunos asistentes la esquivasen al pensar que estaba ebria cuando la neblina que invadía su mente le hacía trastabillear entre las palabras.
 
Disfrutó tanto como cuando recordaba haber estado sana.
Así que al llegar a casa, no quiso acostarse. La rutina de cama, dolor, insomnio, no la atraía en absoluto. Por eso decidió quedarse levantada y leer, como en los viejos tiempos.
Tal vez, tal vez...podría hasta plantearse escribir, si no fuera porque le dolían tanto ya las manos de madrugada...
 
Si no fuera por el dolor...
 
Con ese pensamiento terminó quedándose dormida sobre el sofá, al lado de un ordenador que ya no encendía casi nunca.
Al alba la despertó el amanecer colándose por su ventana.
No recordaba la última vez que había estado despierta disfrutando de un amanecer. Generalmente pasaba las noches de insomnio en insomnio, pero cuando la aurora la sorprendía despierta, sólo se encontraba su regaño, no su saludo de buenos días.
Esa mañana fue diferente.
Se cambió las zapatillas por sus zapatos de cordones, los cerró con un poco de cinta adhesiva de su escritorio, y encendió el polvoriento ordenador, que se encendía casi casi con sonido de arpa.
El primer café de la mañana se lo tomó delante de la pantalla, montando un blog nuevo sobre las manos que duelen.
Y todos los demás de aquel día.
 
La Aguadora, JL 2006
 
Si no puedes impedir que duela...escribe sobre el dolor, pero escribe.
 
July 27

El hombre en busca de una familia.

 

El hombre en busca de una familia.

 

El hombre que nunca había tenido una familia, buscaba una sin cesar.

De niño, envidiaba las de sus amigos. Cuando le invitaban a sus casas para jugar, él no conseguía disfrutar del juego al completo, porque la visión de unas familias que no eran como la suya, rota y dolida, le absorbía.

De mayor, él no quería ser futbolista, médico ni astronauta. Él quería ser cabeza de familia.

Así que cuando creció, no tardó en conseguir la suya. Mujer, dos hijos, hipoteca, suegros, dos coches, vacaciones en la playa cada año…

Hasta el primer divorcio.

Y luego llegarían el segundo y el tercero.

Y el hombre que no recordaba haber sido niño volvía cada vez a encontrarse solo, en un apartamento de soltero, sin familia para la que cocinar todos los platos para familia numerosa que había aprendido una vez en el puchero de su abuela.

Una tarde, se encontró a un niño de unos doce años vendiendo CDs piratas en una esquina.

Le gustó el chaval, le recordó a él mismo, pensaría meses después, y le compró.

Y volvió a comprarle durante muchos días.

Así se enteró de su historia de inmigrante ilegal, con un padre fallecido nada más llegar al país, y una madre que limpiaba mientras él vendía sin que ella lo supiera para añadir algo de plata a la cesta de la compra. Tres hermanos más pequeños se quedaban al cargo de una vecina octogenaria y su perro husky, el más capaz de cuidarlos a todos juntos.

Sin querer evitarlo, se enamoró perdidamente de la familia del Richard, que era como se llamaba el pequeño emprendedor.

Lo hizo como todo lo que él hacía, hasta los tuétanos, y así se presentó una buena tarde, con ramo de flores en una mano, y la izquierda del Richard en la otra, en la puerta de una mujer que no conocía para pedirle que se casara con él.

Ella tardó como unos cuatro meses en dejarse convencer pero cuando enfermó de tuberculosis, tuvo miedo por sus niños, y pensó que no habría nada de malo en dejarse cuidar por una vez en su vida, y por confiar a su familia a esas manos que se empeñaban tanto en mostrarse tendidas.

Y él le cumplió. Ella pudo dejar de trabajar para recuperarse de su enfermedad. El Richard aceptó, aunque a regañadientes, dejar apartada unos años su vida de casi cabeza de familia, para volver a jugar sin más preocupaciones que las de aprobar las asignaturas de unos libros que se le antojaban muy cuesta arriba. Sus hermanos estrenaron colegio, uniformes y esperanza a la vez.

Quince años después, el último de los niños abandonó la casa, para aceptar una oferta de trabajo en una ciudad próxima.

La casa se quedó vacía. No volverían a juntarse hasta la próxima navidad.

Y el hombre que tanto se había esforzado por tener una familia, lloró en el balcón desde el que despedía a su último no hijo, preguntándose cómo iba a llenar ahora su vida, cómo iba a vivir sin su familia.

Sintiéndose tan solo como perdido, entró en su dormitorio, en el que había habido dos camas desde el principio del matrimonio.

Allí le extrañó encontrar a la que había sido su esposa durante los últimos años colocando ropa limpia sobre las camas, a las que había unido retirando la mesita de noche que les había mantenido separados cada noche.

 

-- ¿Qué haces? –le preguntó.

 

-- Ahora nos toca a nosotros – le respondió ella, terminando de abrir el embozo de la gran cama matrimonial que había quedado hecha, mientras dejaba caer la bata que cubría un camisón nuevo, casi de novia.

Y él se sorprendió pensando por primera vez en tantos años que su esposa era guapa, y que era afortunado por tenerla.

Esa noche, mientras dormían abrazados por primera vez, él la escuchó decir en un suspiro antes de dormirse definitivamente:

 

-- Gracias por ser mi familia.

 

Y se sintió avergonzado por todos los años perdidos. Tanto como orgulloso y esperanzado por los que quedaban por venir.

 

La Aguadora, 2006

July 20

La casa de la pradera

 
Confieso que yo siempre quise ser Laura Ingalls.
 
En Google aparecen unos dos millones de páginas sobre ella, pero cuando yo era pequeña, para saber de su vida había que aguantar la comida familiar del domingo, el telediario, el tiempo, el tío, los padrinos, el celta del abuelo...y por fin la serie.
A mí la serie no me gustaba.
Pero me gustaba ella.
 
No era la mayor, más guapa, más rubia, más prota...incluso cuando tuvo que quedarse ciega para lograr la atención.
No era la pequeña, mona y simpática que para eso la sacaban en la serie.
No era el adoptado, chico para más inri.
No era la pija rubia de la tienda.
Era la auténtica fea con talento y trenzas.
 
Yo quería ser Laura Ingalls incluso antes de entender con mis cinco, seis, siete años que tenía, que era escritora y que narraba su historia.
 
Yo quería ser Laura porque la intuía libre en su pradera, feliz en su litera de Heidi, audaz pescando en su río, y casándose de mayor, con moño y sin pecas, con su medio no hermano adoptivo.
 
Cuando hace algunos años me encontré a la actriz que la encarnaba en una serie B americana, tan tan guapa, tan tan pelirroja, creo que volvía a entender por qué yo había querido ser Laura.
 
Y encima va y tiene cuatro hijos (dos suyos y dos de ese segundo marido tan estupendo que se ha echado, protagonizó Babylon 5 y Tron, por refrescar memoria, por ejemplo) y una vida llena familiar y profesional...
 
Mmm, menos mal que a su último hijo le ha puesto de nombre Michael Landon y así una al menos puede desahogarse imaginándose un Electra reprimido en La Casa de la Pradera y congraciarse con el mundo no perfecto de los domingos a la tarde.
 
 
July 17

House, o la reminiscencia de Colombo.

 
Desaliñado, alérgico a la plancha, parece siempre saber más que los demás y al final siempre pilla al responsable...
 
A mí me recuerda a Colombo, qué le voy a hacer.
 
Y ni siquiera sé si me gusta, como tampoco sé si me gusta el detective gabardinoso de mi infancia...pero en ambos coincido en tragarme sus episodios, toditos, incluso repetidos varias veces, lo que creo que solamente había hecho anteriormente con Star Trek o con Stargate (me pirra la SF, qué le voy a hacer, es que  no fumo).
 
¿Por qué nos gusta House? Es una pregunta que parece que se hacen los sesudos estudiosos de la tele varias, porque no terminan de entender por qué House nos ha salido tan resultón en España.
 
Yo creo que tal vez nos gusta House porque osa comportarse como los malcriados que todos llevamos dentro y que generalmente escondemos bajo la corbata, la laca de uñas y/o los años de educación bien de nuestros papis.
 
O tal vez nos gusta House porque trata a sus pacientes justamente como nos tratan habitualmente a todos nosotros los médicos de la S.S.,y al ver en la pantalla que es un maleducado antipático y antiempático al que la vida le ha castigado dejándole cojo, solitario y adicto a los calmantes, nos alegramos al imaginarnos que tal vez el último hijoputa de médico que nos trató mal tiene la misma vida miserable que nuestro ínclito Dr. House.
 
O tal vez nos resulta tierno en su humanidad: débil, medio yonki medio artista, fracasado en amores y triunfador en su trabajo pero incomprendido y marginado. Da el perfil de héroe romántico al que apetece salvar...o que nos salve de nuestra monotonía.
 
O a tal vez tal vez, nos gustaría creer que cuando enfermemos gravemente en nuestro hospital, nada similar al universitario de Princenton, nos atenderá un hada mágica en forma de doctor cojo y barbudo que nos curará por arte de magia, utilizando su bastón cual varita de purpurina.
 
Seguro que podría escribir más talveces, pero tengo que preparar la cena a los niños para acostarles pronto y poder disfrutar de otra noche en compañía de House. Que a mí no me pone, que conste, que creo que casi la que me pone es Cameron de Calcuta, que va tan de buena como buena está, y a uno le dan ganas de pillar algo grave y raro sólo para que ella inyecte lidocaína en una vía.