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June 03 La Aguadora de mudanzaSaludos.
Si has llegado hasta aquí probablemente formas parte de mi vida en alguna forma.
Los blogs de msn se me antojan un rollo cada vez más difícil de actualizar...así que me mudaré.
He comprado laaguadora.com, puedes buscarme por ahí, o escribirme a aguadora@palabrantes.com y te daré mis datos.
Mi web de www.palabrantes.com sigue activa.
También la nueva para niños www.palabrincos.com
Y yo sigo viva en la red. Y seguiré.
A mí sólo me retira de los teclados y de la red una señora con guadaña y mala leche.
Para pedirme mi nuevo messenger o nuevos sitios, a mi correo, por favor.
Buena vida a todos los navegantes de buena voluntad.
La Aguadora
María /Shere/ Alys
November 08 KarimbaEl cazador pidió otra copa más. El camarero, cansado de acercarse hasta su mesa un viaje más, le dejó directamente sobre la mesa, algo escorada y maltrecha, la botella de líquido transparente y de graduación casi inflamable ante la mera agitación. Pero ni una tea de tragafuegos hubiera podido calentar el interior del cazador esa noche. No desde hacía tres días, desde la última vez, desde que habían cortado sus últimos colmillos, los de aquella elefanta que conocía tan bien de años anteriores. Llevaba años siendo furtivo. Empezó pagando una deuda, una sola vez, se había dicho...y luego el dinero fácil empezó a salir tan fácil como entraba...incluso de forma más rápida. Y se quedó allí, al otro extremo de un rifle, al extremo que le mantenía a salvo, pero que sentía uqe le disparaba casa vez que al final de su arma caía un hermoso animal, otro de aquellos con cuyas almas su abuela le había acunado de niño.
Su abuela amaba la selva como nadie. Era medio salvaje, decía su madre, que nunca se había llevado bien con la suegra, demasiado extraña y demasiado negra. Y de niño le había arropado día a día con canciones que hablaban de otro mundo, de una época anterior de la que se había perdido memoria, donde los animales tenían alma, almas tan grandes como sus corpachones...y sobre todos ellos reinaba el elefante, aquel del alma grande por excelencia. La abuela contaba la mitad de sus historias en una lengua extraña que solamente ella entendía, y la otra mitad las canturreaba con una melodía repetitiva y profunda, como los latidos de las muertes que están por llegar. A la abuela la reñían por asustar a los pequeños con sus historias de brujería y selva...pero a él no le había asustado nunca. La vida sí, la vida sí le había asustado después, y muchas veces...pero su abuela no. Era oscura, callada, rebelde y con música propia en su andar siempre rítmico, como si unas palmas que solamente ella podía escuchar marcaran sus pasos. Era la persona más viva que el cazador había conocido, y, tal vez por eso, había celebrado su muerte con su primera borrachera, allá atrás, allá en aquella línea que separa la infancia de la supuesta madurez.
Cuando se había convertido en cazador, había acudido al abrigo de la borrachera a olvidar aquella música de muerte, aquellos bramidos de sangre hecha sonido que él había provocado. Y así cada vez. Pero ninguna como esta. Conocía a la elefanta. La había visto muchas veces antes, con su manada, con su líder, aquel macho impresionante y marcado por las batallas. La había visto y la había admirado. ¡Le recordaba tanto a su abuela¡ --'Si encontrara una mujer que caminara como esa elefanta, tal vez me enamoraría por fin'--había pensado la primera vez que la había visto.
Y sin ser demasiado consciente, había buscado los rasgos de esa hembra entre todas las hembras en cada brazo de hembra humana en los que durmió las siguientes borracheras. Pero cuando amanecía y sin el apoyo del alcohol toda semejanza entre hembras era nula...se rompía el hechizo y se iba. Otra caza, otra cama.
Y así tras años. Los colmillos de la elefanta, Karimba, sabía que la llamaban los nativos, eran famosos. Se decía que eran los colmillos más perfectos que habría en todo el territorio. Pero él se negaba a buscarlos. Se imaginaba las noches de amor de Karimba con su macho y se alegraba de que alguien pudiera bailar a su manera con los tambores que él no había vuelto a escuchar desde que murió su abuela. De alguna forma el cazador sabía que aquel par de animales conocía las historias de su abuela, bailaba con su misma música.
October 31 Concursos Literarios en CastellanoSaludos a todos los que nos habéis visitado durante estos meses.
En los últimos tiempos he empezado a colaborar con la Asociación de Escritores Noveles
http://www.asociacionescritoresnoveles.es
cuyos enlaces os he pegado, para animaros a visitar sus páginas.
Por este motivo voy a trasladar el contenido principal actualizado de este blog a su foro. A partir de ahora podéis consultar todas las bases de Concursos Literarios en Castellano que yo encuentre o me sean aportadas por mis contactos, en su foro, en esta dirección
http://foro.asociacionescritoresnoveles.es/viewtopic.php?t=706
Si no funcionase el enlace, os remito a mi correo
info@palabrantes.com y os remitiré al lugar correcto u os reenviaré las bases.
Para guiaros dentro del Foro de la AEN, los Concursos figuran en <General<Iniciativas<Concursos.
Quedo a vuestra disposición, como siempre, en mi web de Palabrantes, para amantes de la palabra.
María de Juan
http://palabrantes.com September 28 Una revista que leer
Revista Artístico Literaria Arlequín Nº 4 "No intento recordar las cosas que ocurren en los libros, lo único que le pido a un libro es que me inspire energía y valor, que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar, que me recuerde la urgencia de actuar." Equipo Editor: Paulo González September 26 La pieza del puzzleHace algún tiempo escribí un relato dedicado a mi abuelo con un puzzle al que le faltaba una pieza como base.
Hace unos días, me encontré una pieza de puzzle perdida en la calle.
No sé si era la pieza del puzzle de mi vida que me hacía falta para que el reloj interno que llevaba meses parado arrancase...
pero la vi, y supe que esa pieza me estaba esperando.
La recogí.
Desde entonces ya he encontrado tres piezas más.
¿Un hada despistada va dejando piezas cual miguitas de pan para enseñarme el camino de regreso a mí misma?
Porque, a pesar de que podría decir que de alguna forma estoy pasando los peores momentos de mi vida...a pesar de ello, una vocecita al fondo del pozo que debe ser mi puzzle me dice que estoy volviendo a construirme, que estoy volviendo a encontrarme.
A veces, a las cuatro de la mañana, una ve todas las cosas con mucha más luz.
La Aguadora, insomne ¿o tal vez solamente despierta?
Sept 2006 September 15 La cama de mamá¿A qué sabrá la cama de mamá, que todo lo cura? Pesadillas, dolores de tripa, problemas en el colegio, peleas entre hermanos, un golpe, un arañazo...se sube uno a la cama de mamá y todo se pasa. Las camas de mamás deber ser mágicas. Las bendicen las hadas madrinas cuando parimos niños y se bautizan con la leche con que amamantamos a nuestros bebés. Hace años que duermo sola en cama grande. Y a veces he pensado en aprovechar mejor el dormitorio y cambiarla por una cama más sencilla...pero, entonces, ¡no me cabrían los niños! Por las mañanas las niñas ponen el despertador diez minutos antes para reunirse bajo mi funda nórdica. Por la noche, se vienen a despedir a su hermano, mientras le damos en grupo el último biberón del día. Cuando una enferma, mi cama es la enfermería, aún a costa de que yo termine durmiendo en el suelo. Y cuando leemos, mi cama es la biblioteca. O el primer sitio en que les puse el portátil para navegar por internet. Mi cama es el microcosmos de mi pequeña gran familia. Así que me temo que no puedo comprar una más pequeña. En todo caso, debería ampliarla. Los niños crecen y necesitan una alfombra mágica del tamaño de sus imaginaciones. La Aguadora, sept 2006
September 13 Lágrimas genéticas¿Te acuerdas, mi hijo hermoso como la vida cuando escribí un relato sobre cómo borrar el adn de alguien?
A ti no me hace falta borrarte nada.
No eres recuerdo de nada que duela, amor pequeñito y grande.
Mis lágrimas han lavado cualquier parecido que pudieras tener con quien no te quiere.
Te han purificado en un nuevo bautismo de vida y alegría, y tus sonrisas son sólo mías como lo son los primeros mordiscos de tus dientes, y tus primeros pasos, y tus gateos en pos de la cola de mi vestido.
Eres tan mío y de tus hermanas que hasta te está saliendo la misma verruga que a la segunda, que seguro se te caerá como a ella, cuando te operen el año próximo, y tienes sus mismos gestos para llamarme.
Eres nuestro regalito, niño del alma.
A veces te miro e intento ponerme triste pensando en lo que no tendrás...
pero entonces te giras, me sonríes con esa boca que puede comerse planetas de puro abierta en la alegría de existir, y pienso que nada puede faltarte, porque eres perfecto en ti mismo.
A veces me sorprendes llorando y me muerdes las mejillas para chuparme las lágrimas, supongo que imaginando un juego nuevo.
Y vuelvo a pensar en que eres vida, que tu vida merece la pena, mucho más que la mía desde luego, y que he hecho bien, que me alegro infinito del cuadro que formáis los tres y que hace que casi no quepais en la pantalla de mi móvil, ni en mi cama matrimonial cuando venís los tres a primera hora de la mañana a despertaros.
Sé que las lágrimas, además de borrar los recuerdos, se irán secando, como se ha de secar todo pozo estéril, y sé que entonces, aún estarán tus sonrisas para verlas.
La Aguadora, sept 2006
September 08 Amanecer cuatroCuando ninguna explicación podría resteñar las heridas, cuando nada salvo un narcótico podría adormecer el alma...
es cuando no le queda otra que empezar desde cero y sentirse mejor, porque no hay línea ya más allá del peor.
Cuando nada tiene sentido, el observar cómo incansable un bebé de ocho meses practica el nuevo arte que ha empezado a dominar, el arte de ponerse de pie...puede compensar toda una noche en vela.
Otro amanecer. Otra batalla ganada.
September 05 Amanecer tresEl sábado estuve parte de la noche en urgencias, a causa de un pequeño accidente doméstico.
En los hospitales siempre me siento especialmente sola, por más que uno se encuentre rodeado de gente.Y recordaba, mientras esperaba en boxes, lo amargos que siempre me han parecido los amaneceres cuando he estado mirándolos desde la ventana de uno de ellos.
Cualquier otra atalaya debe ser mejor.
Hay lugares desde los que los amaneceres parecen ser en blanco y negro, como si hubieran perdido los colores.
A cambio, cuando uno regresa a su casa y se cobija bajo sus sábanas favoritas, éstas le parecen tan mullidas como una cama de nubes adornada con lazos de arcoiris.
Es lo bueno que debe tener sufrir.
Cómo aprecia después uno mejor los matices de la luz.
Sólo debe haber algo más triste que el dolor, y es no aprender nada de él.
Otro amanecer tras mi silla. Lo hemos vuelto a conseguir, mundo.
La Aguadora, Setiembre2006
August 27 Amanecer dosAmanecer es sólo haber sobrevivido a otra noche.
No es mucho, pero tampoco es poco. Alguna vez eso no sucederá. Llegará un amanecer que no le diga adiós a la noche en nuestro nombre. Y, ¿Quién sabe si ese será el auténtico principio?
La luz del alba parecía espantar las pesadillas cuando una era niña.
Pero, ahora, la luz del alba enseña las arrugas nuevas, las manchas de la piel, las ojeras y los cortes que marcan el día a día, día a día que se arrastra en dirección a una noche más.
Buenos días, luz. Lo hemos vuelto a conseguir.
De relojes-- Mami, mami, ¿cuál es la diferencia entre un fracaso y un abandono?
-- El ser capaz de volver a darle cuerda al reloj.
-- Mami, ¿por qué han expulsado a Plutón del círculo de planetas?
-- Por envidia, cielo, como con casi todo. Caronte se chivó de que le estaba tirando los tejos a Xena, y ahora todos se quedan a la par. El que más ha perdido ha sido Ceres, que creo que está por proponerle a la Luna que funden una confederación propia y se dediquen a tener satélites gigantes por libre.
August 26 AmanecerLos amaneceres son siempre tan solitarios...
Da igual lo bellos que sean. Son solitarios.
Amanece, y solamente le queda a uno por decidir si ese día lo va a vivir o no.
La respuesta es obvia, generalmente, o no se podría estar escribiendo esto.
Una tiene tres hijos durmiendo al fondo de la casa, y empieza a escuchar sus voces siempre madrugadoras, y es entonces cuando piensa: bueno, habrá que hacerles los desayunos...
Y ya se ha amanecido otra vez.
Ahora sólo queda cómo rellenar otro día de sonrisas, para que los tres latidos sanos que le quedan a mi corazón no vean las lágrimas y la amargura detrás de cada tostada.
Al menos, es un día menos para morirse y descansar.
Un día menos para no llorar más, para que no duela más.
Buenos días, amanecer. August 22 A sorbosPor primera vez durante días de insomnio, naúseas y fantasmas, he descubierto que ayer fui brevemente feliz. Durante unos instantes no sentí dolor, ni dentro ni fuera. No me sentí triste, ni con ganas de llorar, gritar o tirar la toalla de la vida.
La primera vez sucedió mientras mi hijo jugaba a ponerse de pie sobre mí, y me chupaba la cara con saña, practicando el único beso-abrazo que ya sabe hacer, incluyendo el mordisco de sus dientecitos.
La segunda...mientras escribía un nuevo relato. Durante unos instantes, breves, han sido breves, pero han sido absolutos. Durante esos momentos en que me fundo con el teclado no he pensado en ti, ni en el dolor, ni en mañana, ni en nada que no fuera colocar letra tras letra como un mandala de palabras donde todo tiene armonía y sentido.
Mis letras me dan sentido.
Tengo que conseguir que nada más lo altere.
Tengo tres regalos y un don.
Mi don tiene que ser suficiente para devolverme la fe en mí, para levantarme la autoestima y para poner colores a la esperanza que la tengo desteñida de tantas lágrimas.
La Aguadora, escribiendo sin dormir.
August 21 Te encantaban mis pechosTe encantaban mis pechos. Desde el primer momento en que nos vimos, tu mirada navegaba desde mis ojos hasta mis pechos. No los tenía muy grandes, apenas una 90, así que nunca había supuesto que pudieran encandilar a un hombre de la forma en que te encandilaron a ti. Cuando ya fuimos pareja, me contaste que lo que te gustaron fueron mis pezones, tan grandes comparados con las manzanas de media copa de mis pechos aún turgentes. Mis pezones eran como pitones que te animaban a embestirme, me dijiste. Esos días, ya habías tomado por costumbre saludarnos siempre a los tres: me besabas en la boca, y después me mordisqueabas cada uno de los pechos. Era nuestro saludo secreto. Mis pechos eran como nuestro bebé, el que nunca compartimos. Cuando regresabas de viaje, siempre me traías de regalo un sujetador. Me enseñabas su caja, yo me iba a cambiar al servicio del restaurante donde estábamos cenando y los dos ya sabíamos cómo iba a terminar la velada: haciendo el amor como locos con el sujetador nuevo puesto. Después, cuando te fueses a correr, sólo entonces, me lo apartarías de un mordisco y eyacularías en mí mientras me mordías un pezón. Mis pechos también sabían echarte de menos ellos solos. Si pasabas más de dos semanas sin venir, empezaban a dolerme, como si fuera a venirme la regla o como si estuviese embarazada. Dolían como duelen cuando están llenos de leche y reclaman la boca del recién nacido que les vacíe y les conceda consuelo. Durante la noche, cuando me acariciabas aun dormida, eran ellos los que traicionaban mi deseo, erigiéndose en jueces del momento y condenándome a ser tuya aunque me reclamase el sueño. Por eso, cuando empezaron a dolerme sin tu ausencia, sospeché que algo no iba bien. La segunda vez que no me los mordiste mientras te vaciabas en mí, supe que no eran imaginaciones mías, aunque tú me llamases loca. Mientras le pagaba al detective al que le encargué que te siguiera, me di cuenta de que había elegido de toda la guía al único que se llamaban Senén, tal vez porque me recordaba a tu semilla mojando mis senos, como tantas veces te había gustado hacer. De todas las fotos que me enseñó, la que me dolió de verdad era en la que le mordías un pecho por encima de la tela. No me extrañó que te gustase ella, no vayas a creer. Tenía un escote al que yo misma me hubiera vuelto a admirar si me la hubiese cruzado en el supermercado y no en tu cama. Te invité igualmente a una cena especial de San Valentín. No esperaba que acudieses, pero te hubiera extrañado que no cocinara para nosotros, como había hecho los últimos años, así que te envié un sms invitándote. Supongo que sería porque firmé el mensaje como si te lo hubieran enviado tus pezones favoritos por lo que acudiste. Durante el primer plato, sólo tuviste ojos para ellos. Mi vestido escotado invitaba a mirarlos, pero supongo que igualmente no me habrias mirado a mí a los ojos esa noche, ni ya ninguna otra. Yo estaba distraida, de todas formas, el menú de esa noche había requerido toda mi concentración. El segundo plato te lo serví en albornoz. Me miraste por primera vez, y supongo que algo debió extrañarte en mi cara, porque ya tenías una mueca de horror antes de levantar el cubrebandejas y descubrir que el último plato que tú comerías en mi mesa eran mis pechos, recién cortados, y apenas pasados vuelta y vuelta por el grill, como a ti te gustaba todo…poco hecho y en su punto de amargura.
La Aguadora, agosto 2006 Duele, luego existo (II)Acabo de quitarle las ruedas a la bici de mi niña mayor.
Es una tontería, pero me ha costado mucho. Técnicamente venía preparado para tontos, ergo, para padres. Se trataba de desenroscar una pieza blanca, después sacar un par de varillas de sujección, quitar la rueda, volver a colocar todo en su sitio y ajustar. El problema es que yo no tenía fuerza suficiente para hacerlo. Podía haber esperado a pedir ayuda; mañana por ejemplo a la asistenta, o al abuelo cuando viniese de visita o...Pero no quería. Odio depender más de lo que ya dependo de los demás. Así que me empeñé en aplicar mi maña donde la fuerza hace mucho que cedió espacio. Probé con varias llaves, pero ninguna ajustaba al tamaño y, además, el recubrimiento de plástico las ayudaba a resbalar más que a agarrar. Probé con alicates, pero tampoco encajaban. Así que me fui a por el 3 en 1, lo frusfrué (palabro) y esperé. Nada tampoco. Limpié la zona entonces con alcohol, utilicé un trapo para envolver...y al final las tenazas consiguieron hacer presa y girar en el sentido en que debían. A todo esto, mis rodillas ya clamaban, porque no soporto estar de rodillas más allá de un minuto, el dolor se vuelve muy agudo, aunque ya me había tomado un calmante previo a toda la operación, pero lo había conseguido, ea.
No sé si ella se sentirá muy orgullosa cuando consiga montar en su bici sin ruedas, pero no más que yo que recordaré que aún, a pesar de todo y de lo poco que me veo capaz de hacer, todavía consigo cumplir estos pequeños hitos como mami.
Y mientras desmontaba la segunda rueda siguiendo el mismo procedimiento, pensaba: Al final el que dijo lo de la maña frente a la fuerza, para mí que era un enfermo con buen CI y ganas de alimentar la autoestima.
La mía hoy ha merendado ruedas. No le venía mal. Se estaba quedando en los huesos, y esa es la peor parte de mi persona.
La Aguadora, agosto 2006 August 10 La ventaja de no saber inglésDebió ser antes de los ocho años, porque a esa edad ya iba a clases particulares, cruzando la ciudad en autobús, abrazada a una carpeta casi más grande que yo y negra, recuerdo que era negra y pesada.
Mi profesora estaba casada con un inglés y eso, en plena transición y en una ciudad tan pequeña y provinciana como la mía, ya le servía para ejercer de profesora de inglés con un dominio semejante al de cualquiera de mis antiguas compañeras de Institutos ya muy doctoradas en filología inglesa.
Y yo, antes de llegar a ella, ya había llegado a la tele en blanco y negro y sin mando a distancia, y a las novelas. No recuerdo dónde lo escuché por primera vez, pero el sonido del nombre 'Alys' (yo lo visualizaba con y griega, tal cual lo escribo ahora, y así me lo he quedado) se me quedó grabado, y durante muchos años fue protagonista de mis primeros cuentos infantiles.
Alys me sonaba a mujer mayor y pérfida, y por eso solía ser la mala de mis relatos.
Después, un día, en clase de inglés, pregunté cómo se escribía mi nombre favorito...y me enteré de que para mi profe era un triste 'Alice', muy común por lo demás.
La magia de no saber inglés lo había convertido para mí en un nombre mítico, con entidad propia.
El saberlo, me lo devolvió trivial y usado, hasta el punto de que lo aparqué en el desván de mis recuerdos.
De alguna forma consiguió liberarse de mi olvido, y mi segunda hija se llama Alicia...aunque todos la llaman Aly...y ella y yo sabemos que le falta la 's', pero es sólo cuestión de tiempo que se la añada.
Es la más parecida a mí: es testaruda, caprichosa, un encanto y un huracán con un botón propio para pasar de uno a otro estado a voluntad propia, imaginativa y social, empática hasta el límite o capaz de sumergirse en su propio universo así truene en el de los demás... Que la espere el mundo, que ella lleva en su caminar su propia cadencia con una melodía que sólo ella conoce y que es la música de su vida, y la música que sabe poner en la vida de los demás...cuando le apetece.
Cuando elegí un alias para la red, supongo que me pasó un poco como a todos; a pesar de mis años como escritora, lo de ponerse sobrenombres parece que le pilla a uno siempre a traición, y supongo que por eso el 'Alys' salió del arpa en un ángulo olvidada que es mi memoria siempre frágil, y luego fue el uso lo que dio sentido al tañido de sus cuerdas...y lo que me recordó mis relatos.
Creo que tenía unos seis o siete cuando escribí mi primer cuento de hadas con sentido crítico, o sea, cuando me sentí creadora como parir ex profeso un relato, de principio a fin.
La prota se llamaba Alys, el niño Mark (era uno de los chicos de Comando G, el manga primitivo me enamoraba de pequeñita...y MazingerZ no era nombre para un príncipe, lo lamento) y el cuento ocupaba tres cuartos de folio.
Es uno de los pocos recuerdos nítidos de mis treinta y seis años.
Ese, y la rabia que me dio comprender que a veces saber...no era una ventaja.
La Aguadora, Agosto 2006
Duele, luego existo.No hay mayor placer que la ausencia de dolor.
Creo que alguna vez leí esta frase, que figuraba como proverbio árabe.
No he encontrado su autoría en Google, así que puede que lo sea o no lo sea, o mi memoria la recuerde como le apetece.
Esa frase me recuerda una de mis crisis allá por los veinte, cuando aún no sabía que todos los síntomas dispares que terminarían por sumarse pertenecían a la misma causa. Es que la fibromialgia no estaba de moda por los noventa.
Cuando llevo días con una crisis nueva, como ahora, antes me quedaba sin recursos emocionales. Ahora creo que voy consiguiendo encontrarlos, a ratos, al menos.
Por eso cuando duele y duele y los calmantes no calman, e incluso cuando calman se nota el dolor acechando, esperando a que pase el efecto de la droga y vuelva a recordarte quién manda, que no soy yo, que es él.
Así que cuando duele, ya no me niego a que duela, ya no me niego a decir que duele, me limito a repetir la letanía del dolor en mi interior, esperando un alivio, esperando un inciso que sé que llegará, esperando y confiando en que llegará un minuto mejor, y sabiendo que en cualquier parte del globo hay montones de personas que están peor que yo, que soy afortunada, que tengo muchas cosas que agradecer a la vida...aunque en ese momento duela y tenga una neblina delante de los sentidos y sólo me apetezca protestar y gritar y enfadarme con el universo.
Duele...y lo primero que pierde uno en esta carrera contra el dolor y el tiempo son los amigos.
A nadie le gusta tener al lado a alguien que depende de los calmantes para tener un buen rato, a alguien que pasó de ser un compañero divertido de chistes y diversiones a alguien que divide sus ganas de divertirse en: cosas que me van a doler más o menos.
Se puede vivir con dolor.
Se puede vivir sin amigos.
Y ahora sé que puede que ninguna de ambas cosas sea para vivir peor.
Agosto, 2006 (continuará)
PS. (Ya sé que uno no pierde nunca a toooodos los amigos, y que los que no están, en realidad nunca estuvieron...
pero las generalizaciones a veces sí son precisas. Yo sé de quiénes y por quiénes hablo...y lo mejor es que ellos también.)
August 06 Odio el verano y dos.-No tengo maleta, no tengo toalla de playa nueva, no tengo protección solar y ni siquiera tengo unas chanclas.
No tengo verano.
Y me siento más estigmatizada que por ser madre soltera, o incluso si fuera lesbiana y madre de familia numerosa.
¿El verano es una asignatura que me quedó para setiembre en la facultad y no me enteré?
Si la sigo suspendiendo tanto...¿me obligará Dios a repetir de vida?
¿Y será repetir años completos o solamente las estaciones no vividas según mis vecinos y los estereotipos de los programas del corazón?
August 05 Odio el veranoOdio que haya que estar feliz por decreto, le dijo el adolescente a su madre.
--- Claro, cariño -- le respondió ella -- Pero no olvides usar protección 30 como mínimo.
Y él le cortó la cabeza con el cortasetos que habían comprado esa mañana. Eso sí, después de seccionarle el tronco, untó ambas partes con protección 40, que habían comprado esa mañana de oferta en un supermercado del barrio.
July 31 La mujer siempre asomada al precipicioLa mujer a la que le gustaba vivir siempre asomada a un precipicio finalmente un día consiguió despeñarse por él.
Su tercer intento de suicidio se le fue de las manos y se convirtió en algo más que un intento.
Así que murió.
Durante el largo camino al Cielo (nunca se hubiera esperado que hubiese tantas escaleras,o, en el caso de que las hubiera, hubiera supuesto que serían mecánicas, ¿es que El Corte Inglés tenía mejores infraestructuras que el Cielo?), fue recordando paso a paso su vida.
Se vio de niña, la mediana de tres hermanos, a la que nadie hacía caso porque no era ni la mayor, ni el pequeño, y encima era repetida porque ya había otra niña.
Hasta que empezó a enfermar.
Recordaba su primer sarampión como toda una fiesta. ¡Por primera vez recibía todas las atenciones! Tal vez por eso no lamentó que tardase el triple de lo habitual en curarse. Lo mismo pasaría con la varicela, la rubeola, varias pulmonías, alergías inexplicables con insuficiencias respiratorias graves...
Era delicioso estar enferma.
¡Recibía tanta atención!
Afortunadamente, se libró de ser una hipocóndrica porque la abuela paterna, la que vivía con ellos, tuvo el buen gusto de enfermar de verdad, y durante años toda la atención médica de la familia recayó en ella.
Pero entonces encontró la báscula.
Descubrió que no comiendo adelgazaba, y que cuando uno adelgazaba mucho, los demás se preocupaban por él.
Por eso fue una adolescente capaz de subir diez kilos sin medida, cuando aún la anorexia no estaba de moda ni siquiera en los diccionarios.
Cuando llegó a la universidad se echó novio exactamente a la misma edad que lo había logrado su perfecta hermana mayor. José Luis no le gustaba especialmente, pero le hacía mucho caso y se parecía bastante a su cuñado, el novio de su hermana mayor.
Además, demostró tener una extraordinaria fortaleza para soportar las cuarenta y dos veces en qeu ella le dejó antes de llegar a la boda.
Tener novio estaba bien...pero romper llamaba mucho más la atención.
Cuando esa atracción dejó de causar efecto se casó.
Y se embarazó exactamente tres meses después de su hermana. Intentó hacerlo antes, pero los espermatozoides de su marido no resultaron ser tan veloces como los de su cuñado.
Tuvo una niña, por supuesto, igual que su hermana.
Pero su embarazo fue muy complicado, tuvo que ingresar al menos tres veces, y la niña al final nació con bajo peso y un leve problema cardíaco.
Todo el mundo hace mucho caso a las embarazadas, pero no tanto a las recién pariodas, como descubrió durante cada una de las depresiones post parto que acompañaron a sus cinco embarazos.
A partir del tercer hijo empezó a notar un creciente desinterés en los demás por su estado, pero ella no cejó, logrando con su último embarazo de gemelos estar ingresada durante casi seis meses.
Sus hijos pasaron una infancia entrando y saliendo todo el tiempo de hospitales y urgencias varias, mientras ella, madre sufrida, les acompañaba todo el tiempo historial médico en mano.
Al cumplir los cuarenta, dejó a su marido.
Sus hermanos acababan de divorciarse el año anterior, y ella supuso que solamente seguía la estadística familiar.
Claro que ellos no volverían a separarse a los tres años, los cinco, los siete...
Los fracasos sentimentales finalmente dejaron de resultar emocionantes, y entonces, o durante, no lo recordaba con exactitud, se aficionó al juego.
En apenas diez años pasó por Ludópatas conocidos, Alcohólicos anónimos, Orfidal para la vida, Ex-fumadores por la paz, e Internautas sin red.
Los grupos de apoyo suelen proporcionar mucho de eso, apoyo, excepto cuando una se ha apuntado a tantos que debería fundar uno ella sola.
Cuando a su hija mayor le diagnosticaron depresión y le comunicó que se iba a vivir con su padre, se intentó suicidar por primera vez. ¡Su hija parecía la víctima de ella, y no al revés!
Pero al regreso del hospital, a la vez que un coro de plañideras vecinas-conocidas-compañeras la consolaban, descubrió que dos de sus otros hijos habían decidido también irse con su padre, y por primera vez en años sintió que estaba perdiendo público.
Claro que cuando le embargaron la casa por no poder hacer frente a la segunda hipoteca, la calle estaba llena de curiososo.
Ella solamente había pretendido lograr un futuro mejor para los suyos, intentó explicarle al banco, pero quién iba a sospechar que esas seguras inversiones en valores de alto riesgo en mercados de países emergentes no iban a salir bien.
Los bancos, como todos sabemos, son como las multitudes: gustan de contemplar la sangre derramada pero les resulta indiferente a quién pertenece, siempre y cuando no sea la propia.
Sin casa y sin hijos terminó recalando con su hermana mayor, hasta que decidió vivir la gran historia de amor de su vida seduciendo a su cuñado, convencida de que siempre había estado secretamente enamorado de ella pero no había tenido valor para confesarlo.
Como su hermana no entendía la vida compleja de personas como ella, la invitó a marcharse cuando se enteró, y ella se encontró, sin saber muy bien cómo, en casa de su suegra.
Donde en su madurez sintió nacer por primera vez en su interior a la mujer que no sabía que había llevado dentro hasta entonces, y vivió con sus recién cumplidos cincuenta años una historia lésbica convencida de estar encontrando por primera vez el amor.
Intentaba recordar el nombre de su amante, ¿Julia? ¿Cecilia?, cuando Dios la recibió.
-- ¿Qué opinas de tu vida? -- le preguntó él.-- ¿Hay algo que quieras preguntarme antes de comunicarte tu próximo destino?
-- No, gracias. Todo es tal como lo recuerdo. Supongo que con lo que he sufrido me he ganado el cielo, ¿verdad? ¿Cuándo vamos?
Dios la contempló durante unos instantes, dudando de que por primera vez alguien se estuviese permitiendo reirse de él en su presencia, pero cuando leyó en sus ojos la certeza de estar en posesión de la verdad absoluta, supo que no mentía, y supo lo que tenía que hacer.
-- Verás, al Cielo sólo se va cuando uno demuestra haber aprendido, a lo largo de todas las vidas por las que ha pasado, lo suficiente para valorar como se debe el regalo de la vida. Me temo que tu aprendizaje aún no ha terminado.
-- ¿Ah, no? --indagó ella, extrañada, pero disfrutando del momento de disponer de toda la atención del Hacedor para sí misma durante un rato-- Entonces, en mi próxima vida, ¿ qué voy a ser? ¿Astronauta? ¿Inventora? ¿presidente?
-- Ameba.
La Aguadora, Agosto 2006
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